Saudade - Feelings Aged
Comiendo el miedo por partes,
me percaté que fui cómplice del estado de ánimo,
moviendo el mundo con el sonido de los corazones rotos.
Animoso en saber cómo dentro de todos estos días de abril abriré las puertas de mi pasado, ahora que soy una nueva persona. Y ponerme a prueba al proyectarnos a esta parte del espacio.
Después del funeral,
logré volver a casa
y todo volvió a ser un oscuro silencio,
con un aura azul,
pero no se sentía vacío.
Diez años más tarde,
me percaté que lo primero que venía a mí no era sentimiento de vacío. No todo es nostalgia.
Me sentía extrañamente, con esperanza y calma.
Me sentía aliviado
de que ya no me perseguía la maldición de los diecinueve años, diez años de diferencia con el primer impacto y con el segundo, crecí lo suficiente para ser alguien que puede vivir aprendiendo de sus fracasos.
Cuando miro al cielo,
mis ojos ya no me piden lágrimas para llorar,
en su lugar mi corazón me confirma que él estuvo de acuerdo en irse cuando notó que yo podía ser capaz de valerme, de guiar, de enseñar, de educar, de amar y de respetar.
Quizás fue la única manera de proyectarnos hacia la sombra de lo que realmente desconocemos.
Estábamos en el borde de la mente y la materia,
como los verdaderos pasajeros que somos,
ansiosos de poner en paz el peso de nuestras mentes.
Con esto digo que si así fue el momento correcto,
aquel por el que nos preparamos para llorar
como si el árbol tuviese cantos en lugar de sombras.
Cuando vayamos a visitarte al cementerio,
te llamaré cuando esté cerca,
pero por favor no contestes.
Descansa en paz, papá.

Comentarios
Publicar un comentario