Contador de Cuentos



Contador de Cuentos

Tuve ilusiones tuyas toda la noche, apenas podía ignorar que había negado todo mi dolor  
Volver a tocar tu existencia arrastró un triste patrón de vida, los días estaban perdidos.
Me he visto mil veces en la misma situación, con un justo recuerdo de amor, en medio de la espera con tanto orgullo deseando volver más lento el tiempo para sanarme, quise esperarte un día más. Estoy triste y no lo sabes.   

Te alejas de mí con un propósito, para que extrañe más tus labios y tenga ese problema de querer desearte cada vez más.  Es fácil alejarse de mí, porque soy tan azul y es tan fácil apartar la mirada de mí. ¿Desde cuándo es tan incorrecto querer regresar contigo? ¿a esos momentos en donde todo solo era lentitud y la realidad solo eras tú? 

Mi realidad hasta ahora sigue siendo miserable, porque sigo arruinándome por tratar de hacerte ver de lo mucho que te sigo queriendo, pero tú no puedes retenerte.  Anhelo ya no ser ignorado por todo aquello que me hace tan feliz. Aquí no hay corazones que responden.

Él me seguirá negando por las mañanas, el rey de mis amores, entre todos mis colores y dolores.
Eres el que cuesta dejar de querer, porque sé que es uno de los últimos momentos en que seremos pareja y aún me falta decirte te quiero. 

Decían que tenía suerte al poseer esos ojos, esos labios y esa vida tuya que fue tan difícil formar parte. Se nos olvidó que no teníamos que separarnos nunca.
 
La primera mañana sin ti todo era un misterio, todo tenía armonía, todo en mi cabeza era una extensión de lo último dicho. El dolor sucede y no perdona.
 En la segunda mañana ya sentí su corazón hondo vacío. 

Quise más de una vez hablar de nosotros por todas las noches oscuras, seguir amándonos entre sueños, siendo tan tuyo. Quise más de una vez dejar de ser esos amantes indefinidos por el tiempo. Quise amarte tanto hasta que nos convirtiéramos en inmortales y ser uno solo conservando nuestra libertad.   

Estuve bajo la media lluvia, mojándome el alma, manteniéndote a salvo en mi mente, te tenía en mi subconsciente, recordando el primer beso, como cuando todo en nosotros andaba tan bien. De bajo de todo este frío, sentía su calor, ese el que me hacía sentir tan completo. Sin duda seguíamos teniendo muchas cosas en común, miles de espacios por recorrer, te tenía guardado un lugar en el que siempre quise besarte.
Mientras me quedaba dormido, me acariciabas la mejilla con una mano y me sostenías la mano con la otra. Tenías ese mágico poder de renovar mi cariño hacia ti todos los días, como cuando era el más grande momento de nuestra felicidad porque ibas a besarme y me entregué eternamente. Mi contador de cuentos, al que amo tanto, me enseñó que puedo ser menos triste con él hasta que sea todo pasado se convierta en un simple recuerdo. Con él aprendí que existen infiernos y besos infinitos.  

En unos de tus cuentos te puse entre los labios una de las tristezas más íntimas.
Perdóname si no lo comprendes, pero nuestros corazones se rompen, pero tu alma quiere seguir sintiendo.

Cuéntame un último cuento, ese en donde me recuerdas las buenas cosas que tengo, ese donde desaparecemos el desastre que puede llegar a vencernos, ese en donde me repites que he sido el primero en enamorarte. Cuéntame esa en donde tú serías el que dejaría un hueco en mi corazón y me llenaría de palabras que me haría apreciar todo lo que he perdido sin ti.
Cuéntame ese mal que ignoras, dime que sigues intentando buscar esos reflejos que te movieron el corazón. Dímelo todo a los ojos, sabes que es mi mayor debilidad que lo hagas, pero mi amor, no me abandones, que no quiero que nuestras esperanzas se descoloren. No quiero despedirme de ti sin haberlo querido.

De vez en cuando los recuerdos duelen, con esa vaga idea de lo que pudimos haber logrado, pero con esa habilidad de colorear lo que resta.

En tu último cuento me encerraste en la Luna, no querías que me entere que dejaste de amarme meses antes, mientras yo soñaba contigo con locura. Entre nuestras lágrimas me besaste y estallaste mi completa tristeza, mientras me hacías gozar de uno de tus últimos más apasionados besos, para que disminuya el dolor de separarnos.

Y fue así el porqué me quedé de sonámbulo en la Luna, siendo un hombre en el camino que se aparta de ti.  
             Adiós querías decirme, dejando que se borre tu nombre de mi mente.
Me dejaste como un poeta desolado para abandonar nuestra existencia, sin una lágrima en los ojos me aconsejaste que la vida sigue, que más allá de todo dolor la vida sonríe.
Pero solo vivo para ti mi contador de cuentos.


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